La palabra ira proviene del nórdico antiguo angr y significa dolor, y podemos decir que surge de sentir dolor y se transforma en infligir dolor.
Diversas posturas, tanto religiosas como laicas se resignan a la ira, calificándola de incontrolable, e incluso llegan a justificarla en el caso de no ser injusta, excesiva o autodestructiva. Otras posturas, al contrario, creen que debe erradicarse por completo, y que es totalmente injustificada en cualquier circunstancia. Así, Aristóteles afirma que la ira puede disipar el temor y proporcionar confianza personal para enfrentarnos a lo que percibimos como amenazas, lo que nos permite no quedarnos paralizados por el temor. Sin embargo, Séneca rechaza la “naturalidad” de la ira, ya que la naturaleza humana es social y está hecha para la cooperación, la tolerancia y la amabilidad…. La ira nunca puede servir como instrumento de la razón y , por lo tanto, no puede aplicarse con fines útiles de forma eficaz, ya que es propio de su naturaleza adueñarse de la razón y hacer caso omiso de todas las peticiones de moderación. Lo que se necesita es valor, justicia, resistencia y sabiduría.
En el Oriente budista, coincidiendo con la postura de Séneca, tampoco se contempla la utilidad de la ira, y está considerada uno de los tres venenos principales junto a la avaricia y el engaño, que constituyen la verdadera causa del sufrimiento. Desde la perspectiva de la psicología budista se define la ira como una adicción mental. Y propone descubrir el engaño de la percepción errónea de uno mismo como absoluto y separado del otro, con el fin de convertir así el engaño en sabiduría. Fragmentos del libro “La ira” de Robert Thurman
“El Buda enseñó esto a su hijo Rahula: “Rahula, practica la bondad amorosa para transformar la rabia. La bondad tiene la capacidad de traer felicidad a los otros sin esperar nada a cambio. Practica la compasión para transformar la crueldad. La compasión tiene la capacidad de aliviar el sufrimiento de otros sin esperar nada a cambio. Practica la alegría empática para transformar el odio. La alegría empática emerge cuando uno se alegra por la felicidad de los demás y les desea bienestar y éxito. Practica la ecuanimidad y el no-apego para transformar el prejuicio. La ecuanimidad consiste en ver las cosas con apertura y equilibrio.”
La escucha, la reflexión y la meditación son estados propicios para desarrollar estas cualidades y que broten de forma natural. Es una manera de transformar nuestra propia visión y la del otro, así como la relación que mantenemos con nosotros mismos y con el prójimo. Nos permite reconocer y comprender nuestros sentimientos, y nos proporciona una comprensión de estos mismos sentimientos en los demás. Así pues, el desarrollo de la bondad, la compasión, la alegría empática y la ecuanimidad, nos permitirá disipar el engaño, y por lo tanto, vencer la ira.
Dos links interesantes:
1. En este vídeo (con subtítulos en español) Sakyong Mipham Rinpoche explica muy bien la importancia de la compasión. http://dotsub.com/view/14624277-e8f8-43a9-953b-d847b5afe67f
2. Un podcast del programa “Ofici de Viure”: http://www.catradio.cat/audio/624042/Lofici-de-viure-Com-cultivar-la-compassio


